Recorrí la casa sigilosamente. Nunca antes había estado en una que no fuera la mía. Avancé por el pasillo a saltos, escondiéndome en cada quicio de las puertas que lo custodiaban, como escondiéndome de los posibles moradores, pero no había nadie, no se oía nada…excepto a mí, o al menos eso me parecía.
Entré en una de las estancias. Era sencilla, casi no había obstáculos. Al final una ventana. Me acerqué a ella y miré al través. Estaba apoyada en el marco de madera que, por cierto, olía muy bien, a recién cortada casi.
Sentí una presencia tras de mí. Giré y ví la imagen de una criatura enorme con algo en una de sus extremidades. La imagen se multiplicó mil veces, la veía por todas partes y…
- ¡MALDITOS SALTAMONTES! – fueron las últimas palabras que oí antes de recibir un fuerte golpe y caer al suelo.